No sabemos salir de copas

La designación del Camp Nou como escenario para la final de Copa del Rey ha dejado bien claro que en España bien sabremos jugar al fútbol pero no tenemos ni idea de organizarlo. Un estadio neutral, aquello que se entiende como una condición básica para cualquier gran final deportiva, ha sido algo totalmente imposible en nuestro caso.

 

Más allá de discutir las opciones que presentó uno u otro equipo, más allá de generar polémica con la más que previsible pitada al himno, más allá de todo ello… deberíamos replantearnos la actualización del formato Copa del Rey antes de que el atractivo de uno de nuestros productos estrellas del fútbol español quede totalmente enterrado.

 

En Europa tenemos muchos ejemplos de cómo podríamos jugar nuestras grandes finales… Francia juega sus finales en el Stade de France, Alemania en el Olímpico de Berlín o Inglaterra en Wembley. ¿Acaso en España no tenemos un estadio nacional para jugar nuestras grandes finales? Resulta que no solo tenemos uno, sino que tenemos varios. Con una inversión superior a los mil millones de euros… contamos con los estadios de: La Cartuja, La Peineta,el Olímpico de Lluís Companys (Montjuic)… aunque todos ellos se encuentran moribundos, no poseen el aforo mínimo lógico requerido para una gran final y no se encuentran en condiciones óptimas de uso.

Pero aún quedan esperanzas. El formato “Champions”, por poner un ejemplo, establece lugar y fecha para su gran final incluso 8 meses antes de haber dado comienzo la competición. De esta manera todos los aficionados tienen oportunidad de planificarse, reservar entradas, el viaje, etc. Hablamos de un copia-pega de formato, algo que el sistema educativo nos ha enseñado bastante bien señores.

 

Con un rápido vistazo a Europa y a nuestras infraestructuras hemos podido vislumbrar alternativas lógicas para la final de Copa, pero para poder tener una imagen clara del respeto que le merece la Copa del Rey a la RFEF, basta decir que la placa que reconoce al campeón de Copa se graba en COMIC SANS. (0:23 en el vídeo, y ya no hablemos de la música que aparece al final…)